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Artículos de Fondo 
       
Edición 1316
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      Falta de educación cívica
      impera en Lima 
 
¿Y el respeto a la ciudad?  


Un claro ejemplo de esto se observa, desde el detalle minúsculo de jóvenes y adultos quienes se han olvidado de ceder el asiento cuando viajan en autobús, a ancianas y señoras en gestación. Antes, la mayoría optaba por cerrar los ojos y hacerse los dormidos, hoy la indiferencia ha llegado a límites insospechables pues los ojos se mantienen bien abiertos, con una mueca burlona en el rostro. Pero, lo que actualmente es más preocupante es la ciudad, convertida en una maqueta cubierta de papelería de mil colores con la propaganda desmedida de los candidatos. Caso similar sucede con los símbolos patrios, como son los monumentos o bustos a héroes de la patria que han sido pintarrajeados o hasta brutalmente destruidos por "vándalos", ante la indiferente mirada de la población. Muchas áreas verdes pisoteadas y flores brutalmente arrancadas. Personas de toda edad y condición social, botan las cáscaras de plátano y papeles, en plena vía pública, pese a que a pocos metros se encuentra un tacho.

Ni los políticos se salvan

Pero esta falta de educación cívica llega a todos los ámbitos de la población y sobre todo es ignorada por los que quieren gobernar el país: los candidatos presidenciales y al Parlamento. Llega a tal grado su "apasionamiento político" y el deseo de obtener una curul o el sillón presidencial, que no les importa qué métodos emplear. ¿El fin justifica los medios? Lo importante es darse a conocer y si eso significa pegar afiches o hacer pintas en cuanta pared, puente peatonal o postes existan lo harán sin ninguna consideración.

Un claro ejemplo se puede observar en la propaganda política de algunos candidatos de Somos Perú y Solidaridad Nacional, a quienes no les interesa en lo más mínimo respetar las reglas urbanas. Lo increíble es que siendo Andrade alcalde de Lima, es decir, el primer ciudadano de la capital, el vecino ejemplar, el que debe velar por el ornato de la ciudad, sin embargo es el primero en hacer tabla rasa de estas normas.

Sabemos que a veces se escapan detalles pero es hora de que supervise lo que están haciendo gente que trabaja con él. Muchos candidatos han optado por iniciar una "guerra sucia" que consiste en destruir los afiches de sus otros contrincantes o pegarlos encima, en unos casos y en otros hasta lo rompen. Es el caso de Víctor Andrés Belaunde, que denunció que Somos Perú había colocado propaganda encima de la suya.

Una noche de pintas

En un recorrido que realizamos por las principales calles de Lima, comprobamos que las agrupaciones políticas contratan a jovencitos, muchos no pasan de 25 años, quienes vigilados por un miembro de un determinado partido, salen en grupos de cuatro a cinco a pegar afiches o dibujar pintas. Ellos, en complicidad con la noche, que parece haberse convertido en su mejor aliada, se dirigen con baldes de pintura en mano, rodillo, pegamentos, escalera, afiches y palos hacia los lugares indicados.

Su trabajo comienza a partir de la medianoche hasta las 5 de la mañana y por 35 soles ellos cumple con su labor. El lugar elegido para esa noche puede ser una pared, un puente peatonal o hasta los postes, ningún lugar se salva. En caso que el lugar indicado está con propaganda de otro o su mismo partido, no importa, órdenes son órdenes, así que ¡manos a la obra! Primero, dos de ellos se encargan de borrar las pintas y con un balde de pintura, preferentemente blanca manchan la pared hasta que ya no se pueda visualizar el nombre, y sin importarle ensuciar el piso se preparan para la segunda parte de su misión. Tras el secado instantáneo pintarán el nombre, número de lista y partido de la persona que los contratá.

Terminada la tarea se disponen a guardar sus "herramientas" de trabajo y buscar su siguiente objetivoÉÊEn otro lugar de la capital, no muy lejos de allí y casi a la misma hora, otro grupo de jovencitos de una distinta agrupación política se encuentran en el lugar señalado: el panel de Perú 2000, con la propaganda del mandatario Alberto Fujimori y otro candidato al Parlamento. Ellos, con un balde de pintura azul y escalera suben hasta el panel y comienzan a pintar, de acuerdo a su "criterio y creatividad" la cara del candidato presidencial, ante la curiosa mirada de los taxistas que circulan por dicha avenida. No les interesa si con esto afean aun más la ciudad, ellos sólo cumplen con su trabajo... Inmediatamente nos dirigimos a otro lugar de Lima. Está a punto de amanecer cuando nos encontramos con otro grupo de jóvenes, que provistos de palos trataban de romper los afiches pegados por otra agrupación política. Las paredes empapeladas por doquier y manchas de pinturas regadas al por mayor por sus suelos. Lima la sucia, la irreverente emerge por entre sus escombros sin un hílito de esperanza. Esta guerra sucia que se ha iniciado entre los adversarios y propios compañeros políticos no tiene límites y ha cruzado las fronteras del respeto a los propios habitantes y su ciudad. Ellos al parecer sólo se mueven por intereses político-comerciales y punto.


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